El Teleoperador: Señoría

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Primera historia

El 4 de febrero de 2006 Patricia Heras, la chica de la foto, se cortó el pelo como un tablero de ajedrez, rapándoselo a cuadrados, y luego se fue de juerga con su amigo Alf hasta bien entrada la madrugada.

Mientras, en Sant Pere més Baix cuatro agentes de la Guardia Urbana desalojaban un centro okupa propiedad del Ayuntamiento de Barcelona donde se celebraba una fiesta no autorizada. Había más de 3000 personas y hubo resistencia. Acuden muchos más policías. Un guardia sufre una fractura del hueso parietal (parte superior del cráneo) por un objeto que alguien lanza. Por la mañana el alcalde Joan Clos recibe un informe policial y declara ante la prensa que el objeto fue una maceta que alguien arrojó desde un balcón, recuerda este dato. La Guardia también detiene a otros tres chicos que pasaban por la calle: Rodrigo Andrés Lanza, Álex Cisternas y Juan Pintos y a cinco personas más. Todos los heridos, detenidos y guardias, van al Hospital del Mar.

Cerca de allí, Patricia y Alf terminan la fiesta, cogen la bici para retirarse y tienen un accidente. Él se da un golpe en la cabeza, poca cosa pero con bastante sangre, y ella sufre magulladuras. Llaman a una ambulancia y les llevan al hospital. Incluso les llevan la bicicleta. El hospital es el Hospital del Mar.

En la sala de espera están los guardias, los detenidos y Patricia, esperando para que le hagan una radiografía. Los guardias están furiosos por sus compañeros heridos y porque el del macetazo va a quedar tetrapléjico. Basta el pelo rapado a cuadrados de Patricia para que los guardias concluyan que forma parte de los “okupas” y sale del hospital esposada, sin bicicleta y acusada en lo que desde entonces se conoce como el “caso 4-F”.

A Patricia se le acusa de haber lanzado una valla metálica de obras a un agente, algo realmente meritorio para una chica tan chiquitilla. A Rodrigo, Álex y Juan, de arrojar piedras a los guardias, una de las cuales provocó la fractura y tetraplejia del agente.

Joan Clos
Un momento… ¿Piedra? ¿No era una maceta? No, el informe policial -el segundo informe- dice una piedra. ¿Y dónde está el primer informe? Desapareció y nunca más se supo. Eso habría que investigarlo. Y habría que investigar por qué el agente cambió su testimonio. Y habría que investigar los restos que hayan quedado en la calle. Habría… pero no se hizo. A las pocas horas el Ayuntamiento había limpiado completamente la calle y Joan Clos jamás volvió a hablar de la maceta.

Sin dudar, por supuesto, de la honestidad de nadie, es una suerte para Joan Clos que policías y juez se quedasen ahí, porque si se demostrase que el Ayuntamiento envió a una zona claramente conflictiva a unos policías sin un mínimo de efectivos que garantizase su seguridad y sin cascos, y si resultase que de esa actuación un agente queda tetrapléjico, igual el Ayuntamiento y Joan Clos hubiesen tenido que responder preguntas muy incómodas. Pero no ocurrió y Joan Clos terminó de ministro y posteriormente de embajador. Enhorabuena.

El único testimonio que acusaba a Patricia Heras y a los tres chicos era el de los agentes. La juez no investiga nada, sólo actúa según el testimonio de los policías Bakari Samyang Dávila (nº 24.147, DNI aquí) y Víctor Bayona Viedma (nº 24.751, DNI aquí).

Álex, Rodrigo y Juan, separados durante su detención, declaran exactamente lo mismo. Durante casi 50 horas son paseados por varias comisarías sin que se les permita hacer ninguna llamada. Su familia no sabe nada de ellos y sólo logran localizarlos tras solicitar un habeas corpus. Los tres denuncian que han sido torturados, que han recibido insultos y palizas y que no se les ha dado comida ni agua. A Patricia, que estaba con la regla, le niegan los analgésicos y compresas. La juez de instrucción archiva todas estas denuncias sin investigarlas.

La Audiencia Provincial les niega la libertad provisional porque -ah, que no lo había dicho- los dos primeros son chilenos y Juan es argentino y el tribunal dice que hay riesgo de fuga. En realidad los tres son españoles nacionalizados, con toda su documentación en regla. El Colegio de Abogados de Barcelona denunció la medida como arbitraria, injusta y basada en estereotipos.

Al finalizar la instrucción y sin explicar por qué, pues no había nuevas pruebas, la juez cambia los cargos: los seis que quedaron en libertad pasan a estar acusados de atentado a la autoridad; Álex, Rodrigo y Juan pasan a estar acusados de atentado a la autoridad y lesiones graves con el agravante de uso de arma.

El juicio contra los tres está plagado de irregularidades y desvergüenza judicial y policial: no se admitieron pruebas de la defensa, los jueces les prohibieron preguntas y permitieron que los 17 policías testigos hablasen entre ellos antes y después del testimonios de cada uno, lo que está prohibido. Vídeos y médicos forenses demostraron que era imposible que la fractura que provocó la apoplejía fuese causada por el lanzamiento de una piedra sino que cuadraba perfectamente con la primera versión de una maceta tirada desde un piso superior, por lo que no pudieron ser los acusados, que nunca estuvieron dentro del edificio. Recomiendo leer los resúmenes que recoge el blog argentino Presos 4-F:

Primer día del juicio, 7/01/2008

Segundo día del juicio, 8/01/2008

Tercer día del juicio, 9/01/2008

Cuarto día del juicio, 10/01/2008

Quinto día del juicio, 11/01/2008

A Rodrigo, el acusado de la pedrada que provocó la tetraplejia, le cayeron cuatro años y medio de prisión por atentado a la autoridad, falta de lesiones dolosas y lesiones imprudentes, además de una indemnización millonaria. A Álex y Juan, tres años y tres meses por atentado a la autoridad y lesiones dolosas más una multa de 6 euros durante 40 días. A Patricia le cayeron tres años. Los recursos ante el Supremo se perdieron e incluso aumentaron la condena para los chicos. Está pendiente el recurso ante el Constitucional.

En su blog, Patricia contaba:
Lo más duro son las entrevistas con los diferentes miembros de la junta de tratamiento, duele escuchar que si no reconozco mi delito no hay voluntad de reinserción, ni arrepentimiento, hoy me hay dicho el psicólogo que eso es propio de un psicópata. Y qué queréis que os diga… no soy capaz de hacerme eso a mí misma, y trato con todo lo que me echen pero no paso por reconocer algo que no he hecho y sigo defendiendo mi inocencia hasta el final.

(…)

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